Seis años después de haber firmado su divorcio y a más de una década de haber cruzado sus caminos, Aislinn Derbez y Mauricio Ochmann volvieron a demostrar por qué son una de las exparejas más singulares y maduras del entretenimiento mexicano. Durante una íntima y emotiva conversación, los actores abrieron su corazón para reflexionar sobre la evolución de su lazo afectivo, dejando en claro que el fin de su matrimonio no significó el final del amor, sino la transformación del mismo.
El esperado reencuentro tuvo lugar en el micrófono de La Magia del Caos, el proyecto personal de la actriz. La atmósfera del episodio estuvo marcada por la vulnerabilidad; la propia conductora no pudo contener el llanto al reconocer el profundo impacto que le causó tener al padre de su hija como invitado, un hito que veía lejano cuando ideó el concepto del programa.
Un vínculo incomprensible para el ojo público
A lo largo de la charla, ambos coincidieron en que el trayecto de 12 años que comparten —sumando el tiempo de casados y su etapa actual como co-padres— ha sido un proceso de deconstrucción del amor romántico tradicional. Ochmann aprovechó el espacio para elogiar el crecimiento profesional de su exesposa y expresarle su admiración, desarmando cualquier narrativa de conflicto post-divorcio.
«El amor que tú y yo nos tenemos no lo entiende nadie», sentenció con contundencia el actor de 48 años, aludiendo a la complicidad única que mantienen y que suele desafiar las expectativas o prejuicios de la sociedad.
Por su parte, la hija de Eugenio Derbez respaldó la declaración de Ochmann, describiendo la conexión que hoy los une como un «vínculo y un amor muy profundo» que logró trascender las etiquetas convencionales de una separación.
El destino los une en la gran pantalla: ‘Hasta el fin del mundo’
El par de intérpretes también abordó cómo su proceso personal se entrelazó de forma casi poética con su carrera profesional a través de la película Hasta el fin del mundo. El guion cinematográfico llegó a sus manos cuando aún atravesaban su etapa matrimonial y ambos quedaron cautivados con la historia; sin embargo, el rodaje se consolidó años después de la ruptura.
Aislinn confesó que inicialmente experimentó dudas y temor sobre el reto logístico y emocional de protagonizar una trama de romance junto a su exmarido. No obstante, el rodaje fluyó con una armonía sorpresiva en el set, donde no solo compartieron créditos frente a la cámara, sino también responsabilidades en la producción. Para Ochmann, este largometraje se ha convertido en uno de los peldaños más significativos de su carrera, debido a la innegable carga.