En un mensaje contundente desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo fijó su postura ante dos de los frentes más complejos de su agenda actual: las recientes protestas violentas del magisterio disidente y la tensa relación bilateral con el gobierno estadounidense de Donald Trump.
Puerta cerrada al chantaje: El diálogo con la CNTE será vía secretarías
La jefa del Ejecutivo descartó de manera tajante entablar un encuentro directo con los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) tras los destrozos registrados en sus recientes movilizaciones. Sheinbaum calificó los actos vandálicos como una estrategia para forzar al Gobierno Federal a responder con el uso de la fuerza.
«No vamos a caer en la provocación de una represión», sentenció la mandataria, argumentando que una mesa de trabajo con ella no alteraría los acuerdos actuales.
La presidenta enfatizó que los canales institucionales siguen habilitados a través de los titulares de la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Educación Pública. Asimismo, puntualizó que aunque existe plena voluntad para atender las exigencias de los docentes —recordando avances previos en movilidad laboral y mejoras de retiro mediante el Fondo de Pensiones para el Bienestar—, la respuesta gubernamental topa con un límite presupuestal insoslayable.
Al analizar el perfil de las manifestaciones actuales, donde abundan rostros cubiertos y agresiones con palos, Sheinbaum sugirió una extraña convergencia política: «Se juntan los extremos: la ultraderecha con la supuesta ultraizquierda», concluyó, desmarcando estas acciones de las demandas legítimas del pasado.
Relación con EE.UU.: Firmeza diplomática ante Donald Trump
Por otro lado, en el terreno internacional, Sheinbaum Pardo abordó la creciente fricción con Washington luego de haber exigido al embajador estadounidense, Ronald Johnson, no intervenir en la política interna de México.
La presidenta aseguró que la Cancillería, encabezada por Roberto Velasco, mantiene un enlace constante con la delegación norteamericana, reiterando que la prioridad de su administración es evitar la confrontación. Sin embargo, aclaró que la cordialidad no significará sumisión.
«No es nuestra intención un conflicto, pero sí tenemos que poner los puntos sobre las íes cuando vemos otras intenciones», advirtió.
Finalmente, la mandataria se mostró abierta a la comunicación directa con la Casa Blanca, señalando que, de ser indispensable para salvaguardar los intereses de ambos países, buscará una nueva conversación telefónica con el presidente Donald Trump mediante los canales diplomáticos habituales.